Manejar el dinero no es solo saber sumar, restar y hacer un presupuesto. Si fuera así de simple, todos tendríamos finanzas perfectas, ¿cierto? Nuestra relación con el dinero se empieza a formar desde la infancia, con lo que veíamos y escuchábamos en casa.
Hazte estas preguntas: ¿cómo hablaban del dinero en tu familia? ¿Era algo bueno? ¿Era algo difícil de conseguir? ¿Algo que generaba miedo y preocupación?
La forma en que aprendimos a ver el dinero en nuestra infancia influye en cómo lo manejamos hoy. Pero lo que viste en casa no necesariamente es la mejor manera de manejar el dinero.
Nuestros padres hicieron lo mejor que pudieron con la información que tenían. Muchos de ellos no recibieron educación financiera y han manejado su dinero basados en su propia experiencia.
Y aunque en algunos casos su forma de administrar el dinero haya sido adecuada, los tiempos han cambiado. Las reglas del juego financiero ya no son las mismas que hace 20 o 30 años.
Déjame darte dos ejemplos para que veas cómo esto nos influye en la vida adulta.
Cómo tu infancia moldeó tu relación con el dinero
Imagina que creciste en un hogar donde el dinero siempre faltaba. Tal vez escuchaste frases como:
- “El dinero no alcanza.”
- “Esto es un lujo que no podemos darnos.”
- “Hay que trabajar durísimo para apenas sobrevivir.”
Si creciste escuchando esto, es probable que sin darte cuenta asocies el dinero con escasez y sacrificio. De adulto, puedes sentir culpa al gastar o miedo a invertir, porque en tu mente está la idea de que el dinero “se va a acabar” o que es demasiado difícil de conseguir.
Ahora imagina lo contrario. Creciste en un hogar donde siempre hubo suficiente dinero. Nunca pasaste necesidades, pero tampoco se hablaba de finanzas. Tal vez los adultos en tu casa manejaban el dinero sin involucrarte en nada.
Si este fue tu caso, es probable que al llegar a la adultez sientas inseguridad al manejar tu propio dinero. Puede que postergues decisiones financieras o que dependas de alguien más porque, simplemente, no confías en ti mismo para administrarlo.
Ninguna de estas situaciones es mejor que la otra. En ambas, el problema es que el dinero se convierte en un tema difícil o desconocido.
Hay personas que sienten miedo al éxito y, cuando empiezan a ganar más dinero, gastan todo rápidamente para volver a su “zona de confort”. Es como si su mente les dijera: “Esto es demasiado para mí, mejor lo gasto rápido para no sentirme fuera de lugar.”
Otras personas gastan impulsivamente porque asocian el dinero con felicidad inmediata. Comprar cosas les da una satisfacción momentánea, pero luego viene la culpa o el estrés de no tener control sobre sus finanzas.
Si te identificas con alguno de estos comportamientos, no te preocupes. Nuestra relación con el dinero no está escrita en piedra. Así como aprendimos estos patrones, también podemos cambiarlos.
Aquí te dejo tres preguntas para reflexionar:
- ¿Qué frases escuchabas sobre el dinero cuando eras niño?
- ¿Te decían que el dinero es difícil de conseguir?
- ¿Que los ricos son avaros?
- ¿Que gastar es malo?
- ¿Estos pensamientos te ayudan o te limitan?
- ¿Te hacen sentir seguro con tu dinero o generan ansiedad?
- ¿Te impulsan a crecer o te frenan?
- ¿Qué hábitos financieros heredaste de tu familia y cuáles quieres cambiar?
- ¿Tus padres eran ahorradores o gastaban todo sin pensar?
- ¿Había miedo al dinero o confianza en su manejo?
Tómate cinco minutos para responder estas preguntas. Identificar lo que aprendiste sobre el dinero es el primer paso para transformarlo.
Si creciste con la idea de que el dinero es escaso, empieza a trabajar en una mentalidad de abundancia. Si nunca te enseñaron sobre finanzas, comprométete a aprender. Tu historia financiera no define tu futuro. Tú tienes el poder de cambiarla.
Gasta menos, ahorra más.
Isa Bermúdez Febres